9 de octubre de 2007

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Miró el cuerpo desnudo cuya imagen devolvía aquel espejo. No se reconocía.

Por su piel habían transcurrido bastantes años, desde que alguien la acariciase y colmase de besos. Ya no se mostraba tan tersa ni tan suave, pese a que nutría su cuerpo con una crema cada vez que se duchaba.

Las arrugas asomaban por sus pantorrillas, y donde antes podía lucirse un vientre liso, ahora aparecía una ligera curvatura donde podían observarse las marcas que dejaban patente su maternidad.

Sus pechos, que antaño llamaban la atención del sexo masculino, ya no se mostraban tan turgentes y habían dejado que actuara sobre ellos la gravedad. No hay ley que se oponga a ella.

Apenas conseguía reconocerse a si misma. Aún así, siguió mirandose en el espejo unos minutos más, antes de cubrir su cuerpo.

Vestida, con toda pulcritud y sin faltar un detalle, se encaminaba ahora a comerse el mundo.

5 comentarios:

Pekadito dijo...

En la Ser, en Hoy Por Hoy, hay un concurso de microrelatos. Deberías apuntarte.

pez dijo...

No me lo digas es la continuación de la bella durmiente a la mañana siguiente del beso por parte del principe azul.

El búho rojo dijo...

Un final feliz... pese a todo lo demás...

alida dijo...

Aunque el espejo le diga otra cosa, su mente le dice otra y no le importa sigue su ritual de antes
Salu2

Perovsquita dijo...

Pekadito: um... no se. Pero prometo pensarlo.

Pez: Justo! ¿Como has podido averiguarlo con tan pocas pistas? jeje

El búho rojo: Sobreponerse a si mismo, pese a lo que te devuelva una imagen, es el mayor reto.

Alida: La victoria de la mente frente a trampas que pueden hacerla caer.

Saludos!!